«¿Tenemos la generación mejor o peor preparada?», artículo El Mundo

2018

Mar Villasante, El Mundo. 15.06.2018

España cuenta con la generación mejor formada de su historia, al menos sobre el papel de los datos cuantitativos. Para empezar, porque nos encontramos en tasas máximas de población que cursa estudios superiores. En concreto, casi uno de cada tres jóvenes de 18 a 24 años. Todos ellos suman más de 1,5 millones de estudiantes de grado y postgrado en 84 universidades de las que salen cada año alrededor de 200.000 egresados, según las cifras del Ministerio de Educación. «Ahora nos parece normal, pero, si partimos de la universidad predemocrática, es un salto muy importante», asegura el director del Ranking CYD, Martí Parellada.

Con más oportunidades educativas que nunca, para mujeres y para hombres, las familias invierten más esfuerzos y recursos en sus jóvenes, que completan niveles de formación cada vez más elevados. Si a principios de la década de los 90 del siglo pasado casi ocho de cada diez mayores de 35 años carecía de estudios obligatorios y sólo un 8% tenía estudios superiores, en la actualidad el porcentaje de población de 16 a 34 años que al menos ha completado la Educación Secundaria Obligatoria roza el 40%, y los que cuentan con formación superior rondan el 30%.

«Somos el país de la OCDE con más universitarios respecto a la generación de sus padres, un dato muy remarcable que se explica por nuestro histórico bajo nivel educativo, pero que evidencia que en pocos años se ha producido un salto muy significativo», señala Josep María Vilalta, secretario ejecutivo de la Asociación Catalana de Universidades Públicas (ACUP) y director de la Global University Network for Innovation (GUNI). Se ha abierto a todas las capas sociales una universidad antes reservada a las élites.

El aumento en los años de estudio, indica a su vez Martí Parellada, ha llevado a contar con un porcentaje de universitarios en relación con la población activa más alto que la media europea. A este incremento han contribuido algunos factores, como la reciente crisis económica, que alargó los años de formación a falta de otras alternativas laborales, y la reducción del abandono escolar temprano. Es decir, el número de jóvenes de 18 a 24 años que dejan sus estudios antes o justo después de terminar la enseñanza obligatoria, que llegó a superar el 30% y que en 2017 se cerró con un 18,3%, una tasa todavía superior a la media de la UE, más próxima al 10%. 

Casi uno de cada tres jóvenes cursa estudios superiores. En total, 1,5 millones de personas

Otros datos que indican que la formación de nuestros jóvenes va en buena dirección se refieren al porcentaje de universitarios que realizan parte de su formación en el extranjero. Vilalta cita, por ejemplo, el Programa Erasmus. En 1987, España enviaba a 95 alumnos a otras universidades europeas. En 2014 ya eran 42.000. En 30 años de programa serán más de 625.000 los universitarios españoles que han disfrutado de esta experiencia.

El secretario ejecutivo de la ACUP resalta la valoración positiva con la que cuentan los jóvenes que han recibido formación en el extranjero, tanto por sus capacidades como por su currículo, más versátil. Pero hay otro dato relativo a la calidad de los estudios que se refiere a la formación práctica, donde año tras año aumenta el número de universitarios que acceden a empresas e instituciones y que ya forma parte del currículo de entre un 10 y un 15% de los estudiantes.

Además, entre 2008 y 2015, las enseñanzas de máster incrementaron su matrícula un 160,8% en las universidades públicas y un 228% en las privadas, según datos de la Conferencia de Rectores (CRUE). Al incremento de los años de estudio, los idiomas o los conocimientos teóricos y prácticos, Vilalta suma la incipiente preocupación de las universidades por las competencias transversales, a las que antes no se prestaba atención, como pueden ser las habilidades de gestión o la resolución de problemas. 

«Los jóvenes afrontan un futuro diferente y la educación se debe amoldar», puntualiza María José Valero, consejera delegada de Talent Growth Management. Además, subraya la importancia de trabajar las softskills y valores como la motivación, el esfuerzo o la constancia para completar su formación. Pero eso ya es otra parte de la historia.

EL DESAJUSTE

La generación que ha alcanzado los niveles educativos más elevados de la historia, la que mejores oportunidades educativas tiene y en la que se han invertido los mayores recursos esconde un preocupante reverso. «Cuantitativamente no hay duda, pero el problema llega al analizar los resultados concretos», puntualiza el investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), Lorenzo Serrano. 

Además de la persistencia de las elevadas tasas de abandono educativo temprano, o de las preocupantes cifras de ninis (jóvenes que ni estudian ni trabajan), los datos internacionales del informe Piaac indican que los jóvenes españoles muestran niveles de competencias básicas en comprensión lectora y matemáticas por debajo de la mayoría de los países desarrollados. Es más, «se encuentran al nivel o incluso por debajo de las de los estudiantes de Secundaria Postobligatoria de otros países», recuerda Serrano. 

 

Fracaso: El entorno en España es peor para los trabajadores mejor formados. Una realidad que no suele darse en los países desarrollados. Roberto Cárdenas

La mayor parte del notable avance competencial entre españoles de todas las edades se correspondería con el hecho de que cada vez más gente estudia más tiempo y accede a la educación superior. Sin embargo, «la mejora cualitativa dentro de cada nivel hace tiempo que se detuvo», añade el investigador. Los datos evidencian una particular escasez de porcentajes de población con las máximas competencias respecto a otros países. En los resultados de Piaac, las personas con estudios superiores alcanzan, en general, competencias correspondientes a los niveles tres, cuatro y cinco, los mayores de la escala. En el caso de los jóvenes de 16 a 34 años en España, la mitad de los universitarios con sobrecualificación aparente no alcanzaban el tercer escalón de competencias básicas, mientras que el 93% no llegaba al cuatro. 

Competencias básicas, académicas o profesionales aparte, el director del Ránking CYD, Martí Parellada, llama a su vez la atención sobre algunas asignaturas pendientes del sistema educativo español. Por un lado, «hay una falta de cualificación respecto a las cuestiones actitudinales, motivacionales o de relación en los equipos de trabajo». Cuestión muy relacionada, a su juicio, con la forma de impartir docencia: el elevado número de estudiantes por clase hace complicado que se puedan llevar a cabo determinadas prácticas, como las presentaciones en público o los debates en grupo, fomentar las habilidades de razonamiento, sociales y comunicativas, y tampoco existen políticas educativas que inciten al profesorado a poner en marcha estas iniciativas.

El número de estudiantes por clase no fomenta las habilidades sociales y comunicativas

Parellada incide en otro punto débil relativo a los estudios de Bachillerato, franja en la que hay un porcentaje relativamente reducido respecto a la Unión Europea. Y se muestra cauto, por otro lado, con la idea de que tenemos la generación más internacional, porque si bien hay un elevado número de estudiantes Erasmus, no sucede igual con la reducida movilidad de los alumnos de grado. «Con la excepción de Erasmus, otros indicadores de internacionalización, como la oferta de títulos en otro idioma o la presencia de profesores extranjeros, siguen siendo reducidos», matiza.

El secretario ejecutivo de la Asociación Catalana de Universidades Públicas (Acup), Josep María Vilalta, se muestra, a su vez, crítico con la enseñanza en valores de los jóvenes: «El sistema ha dejado de lado la formación más intangible, la humanista, los valores, y es muy necesaria para el futuro de la sociedad». Se refiere, en este sentido, al hecho de que el boom tecnológico y científico ha dejado menos espacio para otra formación «absolutamente prioritaria» y relacionada con la ética, «que pone a las personas en el centro de la sociedad».

Con todo ello, cuando se habla de una generación de universitarios sobrecualificados los expertos también exponen sus reservas. «El desajuste viene por dos lados. Debemos tener en cuenta no sólo la formación y el nivel que alcanzan los jóvenes, sino también las características de nuestras empresas y nuestro sistema productivo. Objetivamente, nuestro entorno es peor para los trabajadores mejor formados, al contrario de lo que ocurre en otros países desarrollados», indica Lorenzo Serrano.